Sander-Says
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Es extraño, pero suele pasar, noches en las cuales el sonido oportuno, es el silencio. Donde acurrucado en algún sillón, o adormecido en tu alcoba, te dejas envolver por él y das vida a tus sueños.
En medio de ninguna palabra, rezas en lo profundo de ti mismo por algo que extermine esta calma: lo hueles aunque no este presente, y sientes como se acerca entre las sombras. Cómodo, ya sea en tu sillón o alcoba puedes sentir como su mano acaricia tu rostro, y sabes que si abres los ojos descubrirás la verdad: así que callas, y continuas entre sombras.
Puedes extender tus manos y sentir su rostro, dar forma al aire con las curvas de su cuerpo, y en un instante, besar el silencio.
Puedes sentir como te llena, como recorre tu cuerpo: pasa por tu cuello y se desliza lentamente por tu espalda ¿de que estarán hechos esos brazos que ahora te cobijan en la noche? -Tú no lo preguntas- solo te quedas ahí, contemplativo, algo ausente, envuelto en el fervor de las caricias de la noche.
Cuando te entregas totalmente, sientes como aquellos labios se separan de los tuyos y se abalanzan lentamente por tu cuerpo ¡NO PUEDES DESCRIBIRLO! solo puedes desearlo, abandona tu boca, pasa a través de tu pecho: tierna, lenta y suavemente -que gratos son los labios de la noche, y los placeres ocultos en sus silencios-
…
El día 4, jamas llego.
Sandy Ramírez
Santo Domingo, R.D