Sander-Says
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Él salio, en medio de la neblina de la noche le pareció que ya no comprendía el mundo. Todo le resultaba diferente, todo era extraño. Quienes eran esas personas de antes, aquellos que le arrojaron hortalizas y le gritaban loco -que extraño es este mundo- pensaba, mientras caminaba por el bosque que le había servido de refugio desde tempranas horas.
De momento, tras pasar, árbol tras árbol, se encontró en un espacio abierto: un claro, donde sus ojos agotados y confundidos divisaron lo que hasta el momento era lo más hermoso que presenciaba su existencia. No sabia como se llamaba -él escucho a los aldeanos llamarle luna- sin darse cuenta al observarle sonreía, y en su mente la luna le sonreía también.
Cada mañana, como todos los demás él trabaja, y al ocultarse el sol, partía -Pobre loco, enamorado de la luna- decían los aldeanos mientras se burlaban al verle ingresar al bosque cada noche, más él seguía, noche tras noche, con fiera insistencia en el mismo claro, dedicándole canciones, escribiéndole poesías.
Sea real o no su amor, para los aldeanos comenzó a ser una molestia; ya no solo cantaba en las noches, también lo hacia en el día: poesías por aquí, sonrisas por allá, damas encantadas a la derecha y hombres celosos a la izquierda. El loco enamorado, paso a ser de burla y pena ha un peligro.
Nunca más volvió a esperar el anochecer, ni visito jamas el claro… Pues a la mañana siguiente los aldeanos le envenenaron - la historia seria en verdad triste- pero la noche posterior a su muerte los aldeanos admirados observaban que la luna estaba acompañada.
Sandy Ramírez
Santo Domingo, R.D